Recuperación: ¿Hasta cuándo?

Los problemas de las empresas no sólo se deben a la recesión. Cuando el entorno no se presta para absorber la ineficacia, hay tres opciones: aguantar, tomar la iniciativa para salir de la crisis o dejar los negocios.

La vida es una cuestión de ciclos: nacimiento, juventud, madurez y vejez; el ciclo sólo termina para volver a empezar. Lo mismo sucede con las empresas y con la economía nacional.


En este momento es Estados Unidos el que está en recesión, con sus efectos directos sobre un México globalizado, pero ambos países saldrán del paso, pues sus economías están entre las más fuertes del mundo, de hecho, entre las diez más importantes. Con todo, aunque una vez vencida la recesión mejorará nuestra economía, lo hará sólo para volver a su ciclo de altas y bajas.


¿Qué pueden hacer las empresas?

Las opciones son diversas, pero, para efectos de simplificación, hablaremos de tres que son básicas: aguantar, tomar la iniciativa para vencer la crisis o definitivamente salir de los negocios.


ACTITUD REACTIVA

Después de trabajar durante los últimos 31 años con aproximadamente 1,800 empresas y sus respectivos ejecutivos, INSPRO a observado cómo algunas vencen las crisis e incluso las aprovechan, mientras la gran mayoría se limita a aguantar hasta que mejore el entorno.


Los empresarios exitosos saben que es precisamente en las crisis cuando se hace dinero en serio. Es el mejor tiempo para vencer a la competencia y quedarse con la mayor parte del mercado.


Cuando la competencia no está dispuesta a invertir, se dedica a despedir personal y actúa como si estuviera ante el fin de la economía, es el mejor momento para comprarla a una décima parte de su valor. Por eso, la respuesta más atinada es la productividad, hacer más con menos, en los buenos tiempos y en los malos.


No hay que buscar el hilo negro, pero sí principios que den cauce a la productividad, la competitividad y la calidad que la supervivencia y crecimiento de las empresa requieren.


Ningún empresario dice conscientemente que se limita a esperar tiempos mejores, pero la realidad es que bajar precios – a veces hasta 50 por ciento-, despedir gente en porcentajes importantes, cerrar oficinas y almacenes regionales, además de reducir gastos de publicidad y capacitación, son medidas para aguantar y esperar. A la postre, todo esto hace más complicada la recuperación.


Una “estrategia” reactiva rara vez pone a la empresa en una posición ventajosa sobre la competencia, y como la mayoría sigue la misma lógica, lo único que se consigue es agudizar la crisis. Así las cosas, las empresas sobreviven, pero la rentabilidad es algo cada vez más lejano.


ACTITUD PROACTIVA

El problema no sólo radica en la macroeconomía, sino también en la manera cómo se organizan las empresas: un entramado de funciones y departamentos que no se sincronizan para lograr resultados, además de una serie de prácticas empresariales que, vistas como conjunto, sólo cuestan dinero y merman la efectividad.


Es en tiempos de crisis cuando las empresas se dan cuenta de que algo anda mal, pero la causa recae más en ellas mismas que en su entorno. En lugar de sólo reaccionar, lo que procede es definir una estrategia de crecimiento y sus acciones específicas, para lo cual el negocio debe someterse a un análisis tan profundo como uno médico.


Un análisis o diagnóstico no implica forzosamente una situación complicada o excesivamente difícil. En nuestra experiencia como consultores de todo tipo de industria, hemos reunido evidencia suficiente para afirmar que una empresa puede casi siempre resolver su problemática a través de una mejor dirección y de la concentración de sus esfuerzos. Desgraciadamente, para lograr esto, a menudo se requiere cambiar de rumbo y dejar de trabajar como en el pasado.


Recientemente, Erick Hernández, Socio Director de INSPRO, siguió un caso que es un claro ejemplo de lo anterior.


Se trata de una empresa con 300 trabajadores a la que se le realizó un diagnóstico de dos semanas. Aunque sus ventas han bajado, dicha organización opera con cuatro turnos de trabajo y un tiempo perdido en su maquinaria de 30 por ciento. Además, no practica un mantenimiento preventivo como tal; si hay descomposturas, se consiguen refacciones siempre que no sean muy caras. Toda su filosofía es no gastar.


Desde afuera, la solución es muy sencilla y directa: con sistemas de mantenimiento preventivo y productividad pueden reducirse a dos los turnos de trabajo, disminuyendo hasta casi 40 por ciento el costo de fabricación por el ahorro en electricidad, agua, mano de obra, supervisión y gerencia. De hecho, el ahorro en energía y agua representaría por lo menos casi un millón de dólares al año.


El análisis también demostró que el turno menos productivo en términos de volumen y calidad es el tercero. Ni esto ni lo demás tiene algo que ver con el entorno económico. Por años, la empresa ha ganado dinero trabajando así, pero no podrá seguir haciéndolo cuando la economía no se presta para absorber la ineficacia.


¿Aceptará la empresa nuestra propuesta, que paga por sí misma un proyecto de productividad de 10 a uno, es decir, mil porciento de retorno de inversión? Probablemente no, porque quienes la comandan temen ir en sentido contrario a lo que antes les ha dado resultados: no invertir, no gastar, mantenerse.


Si la solución es someter al negocio a un análisis profundo y definir e implantar nuevas estrategias, ¿por qué son tan pocas las empresas que de verdad lo hacen?


La mayoría de los empresarios dirá que todos los días hace análisis internos. Es verdad, pero no es lo mismo un análisis objetivo hecho por personas externas que uno interno, a cargo de quienes cuando menos tienen interés en defender su área. ¿Quién dentro del castillo se atreve a decir que el rey no trae ropa?


CERRAR

Hay otra opción: salirse de los negocios. Luis Pazos dice que tener una empresa es tener problemas; si no los quiere, mejor déjelos. Me dirán que no es para tanto, pero cuando los compradores de empresas tocan a la puerta, para muchos es la gran oportunidad.


¿Acaso Acapulco no es un fantástico lugar para vivir el resto de su vida?


Lo peor es que muchos empresarios no se percatan de que manejan esta tercera opción, creen que se cuidan de la crisis, pero en realidad trabajan igual que siempre y esto no es suficiente en tiempos tan difíciles.


¿Qué opción baraja usted? De seguir igual, ¿a dónde llegará su empresa este año?

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